El cambio es una elección y exige coraje
Los institutos y fundaciones responsables por el direccionamiento de gran parte de la inversión social privada en Brasil, así como gobiernos, empresas y sociedad civil, precisan estar atentos a una nueva demanda para sus inversiones: los eventos climáticos extremos. Sin embargo, el foco de la reflexión sobre este tema no puede ser el de culpar a la naturaleza por las desgracias que hemos acompañado últimamente en los noticieros, y sin nuestra falta de compromiso en proponer acciones responsables y enfocadas en lo que acordamos llamar de nuevo ciclo de desarrollo, que presupone acciones económicamente viables, socialmente justas, ecológicamente correctas y culturalmente aceptadas.
Culpar a la naturaleza por las muertes registradas en los morros de Rio de Janeiro o en el Vale do Itajaí, en Santa Catarina encubre nuestra omisión y nuestra falta de responsabilidad a la hora de definir sobre las inversiones, sean públicas o privadas, de persona física o persona jurídica. Y, en ese proceso de definición de inversiones, algunos entendimientos son fundamentales. El primero de ellos es sensibilidad para entender que estamos lidiando con gente. Tenemos que quebrar el paradigma de que, principalmente, para los pobres y necesitados, cualquier solución sirve.
El segundo es la valorización del conocimiento. Academia y poder público, investigación e iniciativa privada no pueden estar disociados. El tercer entendimiento es nuestro compromiso con la sustentabilidad. Generalmente, los principios sustentables son trabajados después satisfechos los intereses de todos los involucrados. El desafío que se presenta es la invitación a la reflexión y al cambio antes de esa línea de satisfacción. Nuestra falta de formación en conceptos socioambientales consistentes no puede justificar nuestra omisión frente a lo que estamos acompañando. Tampoco podemos delegar a las generaciones futuras la responsabilidad por la búsqueda de esas soluciones.
El cuarto es el compromiso con el desarrollo y el compromiso local. Las comunidades no pueden ser apartadas de las decisiones sobre sus desafíos. Hasta porque las soluciones dependen de ellas. Los cambios estructurales no llegarán en helicóptero, como gran parte de la ayuda encaminada a las víctimas de las tragedias. Ellas vendrán de la sociedad. Esa demanda es nuestra.
Y nosotros, que de alguna forma, sea en la instancia que sea, tenemos el poder de decisión sobre esas inversiones, no podemos omitirnos. Tiene que ser nuestra premisa el compromiso con las personas y con acciones enfocadas en ese nuevo ciclo de desarrollo, asegurando la valorización del saber y el compromiso local en la búsqueda de las soluciones para nuestros desafíos. Es muy importante que las acciones innovadoras sean percibidas como una invitación a pensar y actuar diferente.
Proponer lo nuevo en situaciones de caos no es fácil, pues las necesidades son urgentes. El problema es que las soluciones presentadas para sanar algunas tragedias son frágiles. Cambios estructurales serios es una elección y exige coraje. Y precisamos hacer esa elección y tener ese coraje. No existe magia, existe responsabilidad, compromiso y diálogo. El cambio precisa comenzar.
Por Cláudia Buzzette Calais - Gerente de Responsabilidad Social de la Fundación Bunge



