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Jornal Ciudadania • Edición Online 27 - Julio 2014

Más jóvenes y niños

Con el objetivo de atraer a un público infantojuvenil cada vez mayor, los museos se vuelven lugares informales, interactivos y divertidos


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Publicado en 03/09/14 às 10h15 envie a um amigoenvie a un amigo

Desde su inauguración el 16 de julio en el MIS (Museo de la Imagen y el Sonido), la exposición “Castelo Rá-Tim-Bum” ha atraído a cerca de 1.500 visitantes todos los días, según datos de la Secretaría de Cultura del Estado de São Paulo. Tanta es la demanda que el MIS ha tenido que ampliar el horario de visita. También en São Paulo, un escenario semejante puede verse, los sábados, en el galpón de la Galería Fortes Vilaça, que recibe las obras de la muestra “Ópera da Lua” [Ópera de la Luna], de los hermanos grafiteros OSGEMEOS [los gemelos] hasta el 16 de agosto. Asimismo, todos los días, durante dos meses, una cola interminable se formaba alrededor del Instituto Tomie Ohtake, que albergó la exposición “Obsessão Infinita” [Obsesión Infinita], de la japonesa Yayoi Kusama, que se cerró el 27 de julio.

Las tres situaciones tienen en común la gran cantidad de jóvenes y niños dispuestos, en los días de mayor movimiento en la ciudad, a esperar horas para visitar las obras y las instalaciones expuestas. Una coincidencia lo suficientemente significativa como para acabar con el estereotipo de que los museos son lugares aburridos para personas mayores y serias.

La presencia del público infantojuvenil también puede notarse en otros museos de la ciudad, como el Catavento. Entre los museos administrados por la Secretaría de Cultura del Estado de São Paulo, este es el más visitado, ya que recibe a aproximadamente 44.000 visitantes por mes. En este museo interactivo, dedicado a las ciencias, el público infantojuvenil es mayoría.

Se engañan los que vean en estos números una obligación impuesta por las escuelas. Aunque las visitas escolares sean habituales, la mayor parte del público que va a los museos consultados en el reportaje lo hace de forma espontánea. En el Museo Nacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), por ejemplo, el 83 % del público está formado por familias con niños y adolescentes que comparecen los fines de semana.

Para Paulo Miyada, coordinador del Núcleo de Investigación y Curaduría del Instituto Tomie Ohtake, “en los últimos 10 o 15 años” ha habido un cambio en la imagen de los museos. Estas instituciones culturales, que antes muchos encaraban como lugares rígidos, intimidadores y nada divertidos, se han ido volviendo opciones de ocio. “A veces, los museos son una de las pocas opciones gratuitas en una ciudad como São Paulo, en la que casi todo está orientado al consumo”.

Cambiar la imagen es, de hecho, esencial para que los museos atraigan al público, especialmente al infantojuvenil. Para ello, los profesionales de esta área vienen usando diferentes artificios. Algunos incluyen en su programación anual temas próximos a la realidad de este grupo etario, como los grafitis de OSGEMEOS o el programa de TV Castelo Rá-Tim-Bum. Otros, como el Museo Nacional, centrado en las ciencias naturales, apuestan por una atmósfera relajada e informal. “Las ventanas están abiertas, hay ventilación y nuestros mediadores son jóvenes”, explica la pedagoga y técnica en asuntos educacionales del museo Sheila Villas Boas. Sheila piensa que tales medidas hacen que los niños y los adolescentes se identifiquen con el museo y se sientan más cómodos. “Nuestro rasgo diferencial es recibir a nuestros visitantes como si estuvieran en casa”, desvela.

De hecho, no todos los espacios hacen eso, tal como explica la diseñadora paulistana Luiza Pannunzio, madre de Clarice (3 años) y Bento (2 años). A pesar de mantener el hábito de llevar a sus hijos al museo, ella reconoce que muchas veces los espacios no son muy atractivos para los niños. “No se puede llorar, no se puede tocar [ninguna obra], no hay vestuarios en los servicios y no se puede entrar con cochecitos de bebé”. Si, por un lado, considera que se trata de una actividad “muy buena y enriquecedora para los niños”, Luiza avisa de que es necesario “que los padres tengan mucha disponibilidad” para afrontarla.

Entre las familias y los profesionales del sector, se valora bastante el hecho de que se incentive, especialmente, la interacción con el contenido expuesto. “Todo lo que sea interactivo resulta más fácil para los niños”, asegura Luiza. Para Ana Lima, del departamento educativo del museo Catavento, esto ocurre porque la interacción permite que los niños y los jóvenes “se vuelvan parte del artista, de la instalación”.

La interactividad puede darse de diferentes formas. En el Espacio del Conocimiento de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), en Belo Horizonte, el lugar destacado lo ocupa la exposición permanente “Humano, Demasiado Humano”, que utiliza recursos audiovisuales interactivos para proporcionar al visitante una experiencia visual, táctil y sensorial. En Porto Alegre, la exposición “CSI: a Ciência contra o Crime” [CSI: la ciencia contra el crimen], del Museo de Ciencias y Tecnología de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do Sul (PUC-RS), divierte al transformar al visitante en investigador, ya que pone a prueba su capacidad de observación y deducción para descubrir un “crimen”: el robo de un hueso de un esqueleto de dinosaurio expuesto en el museo. Por otro lado, en el Museo de la Imagen y el Sonido de São Paulo, la productora Patrícia Oliveira cuenta que una de las actividades de gran éxito para este grupo etario ha sido la del “grafiti animado”, que simula la creación de un grafiti por ordenador. “Es una generación bastante informatizada”. Según ella, las iniciativas que usan la tecnología para que el público exprese su creatividad tienen una buena recepción.

Dinossauro exposto no Museu de Ciências e Tecnologia da Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul (PUC-RS)

El Museo del Fútbol, ubicado en el estadio de Pacaembu, en São Paulo, es otro que usa la tecnología para atraer a los visitantes. Entre sus atracciones, hay proyecciones de jugadores en tamaño real y vídeos narrados por diferentes personalidades brasileñas apasionadas del deporte, como el actor Lima Duarte, el escritor Luis Fernando Veríssimo y el periodista Ruy Castro.

Para Miyada, del Instituto Tomie Ohtake, el uso de aplicaciones y sitios web poco comunes en Brasil pero bastante usados en museos extranjeros son una forma de captar la atención de los jóvenes. El año pasado, los alumnos del Departamento de Artes y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Rio) produjeron animaciones, para ilustrar y complementar la colección del Museo Nacional, y una aplicación de lectura de códigos de barras que muestra información más detallada sobre las obras para tabletas, teléfonos inteligentes y otros dispositivos móviles.

Esta novedad, por otro lado, puede causar problemas si se vuelve una fuente de distracción. Aquellos que fueron a la exposición de Kusama, en el Instituto Tomie Ohtake, o a la de OSGEMEOS, en la Galería Fortes Vilaça, posiblemente tuvieron que esquivar los objetivos de las cámaras de los teléfonos móviles, especialmente los de los jóvenes, que no perdieron la oportunidad de conseguir una buena selfie (‘autofoto’, en inglés). Para intentar controlar la interferencia en las visitas mediadas del Museo Nacional, se establece un plazo para hacer fotografías después de cada explicación. Miyada vaticina que adaptarse al uso de la tecnología en los museos “será el desafío de los próximos años”.

Sin embargo, la tecnología no es necesariamente la forma más eficiente —ni tampoco la única— de despertar la atención del público infantojuvenil. El Museo Nacional, por ejemplo, pone a disposición un fósil de pterosaurio instalado de tal forma que simula el vuelo del animal, además de un acervo táctil —con réplicas que los visitantes pueden tocar— creado para facilitar la visita a personas con discapacidad visual pero que suele tener bastante éxito entre los niños. En Curitiba, en el estado de Paraná, el Museo Oscar Niemeyer suele ofrecer talleres para que los visitantes de todas las edades muestren su creatividad con base en lo que han visto y han aprendido; por ejemplo, se ofrecen talleres de grabado (a partir de una muestra de Rembrandt) y de construcción de piezas con arcilla (a partir de la obra del artista Franciso Brennand, de Pernambuco). Por otro lado, en la muestra de Yayoi Kusama, instalada en el Instituto Tomie Ohtaque, la sala que albergaba un collage colaborativo fue un éxito entre los niños y los jóvenes, que recibían adhesivos circulares para pegarlos en el suelo, en las paredes o en los muebles.

“Es una generación que reacciona a los estímulos visuales de forma muy intensa”, afirma Villas Boas, quien señala que, especialmente para este tipo de público, hay que trabajar bien la iluminación y la coloración. Según su experiencia, la combinación de blanco y negro, por ejemplo, no es buena. “Si no hay un atractivo visual, alejamos al visitante. Es necesario que haya un diálogo con el objeto”, advierte.

Para que dicho diálogo sea efectivo, no obstante, la comunicación tiene que ser clara. La estudiante paulistana Isabel da Fonseca (17 años), que va a museos desde los tres años de edad, opina que especialmente las obras modernas deberían tener una explicación adecuada, ya que si no, pierden el sentido. “Las explicaciones de algunas obras no dicen nada”.

Incluso las tradicionales visitas escolares, aseguran los profesionales, tienen potencial para atraer a un público que, al contrario que Isabel, no tenga el hábito de ir al museo —y, lo que es más importante, de convencer a ese público a que vuelva—. “Los jóvenes vienen con la escuela y después traen a su familia”, cuenta Ana Maria, del museo Catavento. Para Villas Boas, del Museo Nacional, al hacer esto los jóvenes crean un “vínculo afectivo con el museo”.

10 consejos para estimular a los niños a que les gusten los museos
1. Animar al público a que participe por medio de actividades interactivas.
2. Mostrar información clara y coherente sobre las obras.
3. Incluir recursos audiovisuales complementarios, como películas, animaciones o proyecciones.
4. Crear un ambiente atractivo para los padres: vestuarios en los servicios, permiso para entrar con cochecitos, etc.
5. La comunicación de los monitores y los educadores debe ser adecuada a la edad del niño o del joven.
6. Lograr una atmósfera relajada e informal.
7. Mantener un ambiente iluminado y ventilado.
8. Albergar muestras de temas afines a la realidad de los niños y los jóvenes.
9. Hacer talleres y actividades los fines de semana.
10. Ofrecer visitas educativas programadas para escuelas y grupos determinados.

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